viernes, 22 de junio de 2007

NIÑOS SIN BAUTISMO

Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo
ROMA, viernes, 22 junio 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del próximo domingo, Natividad de San Juan Bautista.
* * *Natividad de San Juan BautistaIsaías 49, 1-6; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66.80
Juan es su nombre En el espacio del XII domingo del Tiempo Ordinario, este año se celebra la Natividad de San Juan Bautista. Se trata de una fiesta antiquísima; se remonta al siglo IV. ¿Por qué la fecha del 24 de junio? Al anunciar el nacimiento de Cristo a María, el ángel le dice que Isabel, su pariente, está en el sexto mes. Por lo tanto el Bautista debía nacer seis meses antes que Jesús y de este modo se respeta la cronología (el 24, en vez del 25 de junio, se debe a la forma de calcular de los antiguos, no por días, sino por Calendas, Idus y Nonas). Naturalmente estas fechas tienen valor litúrgico y simbólico, no histórico. No conocemos el día ni el año exacto del nacimiento de Jesús y por lo tanto tampoco del Bautista. Pero, ¿esto qué cambia? Lo importante para la fe es el hecho de que ha nacido, no cuándo ha nacido. El culto se difundió rápidamente y Juan Bautista se convirtió en uno de los santos a los que están dedicadas más iglesias en el mundo. Veintitrés papas tomaron su nombre. Al último de ellos, al Papa Juan XXIII, se le aplicó la frase que el Cuarto Evangelio dice del Bautista: «Hubo un hombre enviado por Dios; se llamaba Juan». Pocos saben que la denominación de las siete notas musicales (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si) tienen relación con Juan Bautista. Se obtienen de la primera sílaba de los siete versos de la primera estrofa del himno litúrgico compuesto en honor al Bautista. El pasaje del Evangelio habla de la elección del nombre de Juan. Pero es importante también lo que se escucha en la primera lectura y en el salmo responsorial de la festividad. La primera lectura, del libro de Isaías, dice: «El Señor desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta aguda, en su carcaj me guardó». El salmo responsorial vuelve sobre este concepto de que Dios nos conoce desde el seno materno: «Tú mis vísceras has formado, me has tejido en el vientre de mi madre...Mi embrión tus ojos veían».Tenemos una idea muy reductiva y jurídica de persona que genera mucha confusión en el debate sobre el aborto. Parece como si un niño adquiriera la dignidad de persona desde el momento en que ésta le es reconocida por las autoridades humanas. Para la Biblia persona es aquél que es conocido por Dios, aquél a quien Dios llama por su nombre; y Dios, se nos asegura, nos conoce desde el seno materno, sus ojos nos veían cuando éramos aún embriones en el seno de nuestra madre. La ciencia nos dice que en el embrión existe, en desarrollo, todo el hombre, proyectado en cada mínimo detalle; la fe añade que no se trata sólo de un proyecto inconsciente de la naturaleza, sino de un proyecto de amor del Creador. La misión de San Juan Bautista está toda trazada, antes de que nazca: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...». La Iglesia ha considerado que Juan Bautista fue santificado ya en el seno materno por la presencia de Cristo; por esto celebra la festividad de su nacimiento. Esto nos ofrece la ocasión para tocar un problema delicado, que se ha convertido en agudo a causa de los millones de niños que, sobre todo por la terrible difusión del aborto, mueren sin haber recibido el bautismo. ¿Qué decir de ellos? ¿También han sido de alguna manera santificados en el seno materno? ¿Hay salvación para ellos?Mi respuesta es sin vacilación: claro que hay salvación para ellos. Jesús resucitado dice también de ellos: «Dejad que los niños vengan a mí». Según una opinión común desde la Edad Media, los niños no bautizados iban al Limbo, un lugar intermedio en el que no se sufre, pero tampoco se goza de la visión de Dios. Pero se trata de una idea que no ha sido jamás definida como verdad de fe por la Iglesia. Era una hipótesis de los teólogos que, a la luz del desarrollo de la conciencia cristiana y de la comprensión de las Escrituras, ya no podemos mantener. Cuando expresé hace tiempo esta opinión mía en uno de estos comentarios dominicales, recibí diferentes reacciones. Algunos mostraban gratitud por esta toma de posición que les quitaba un peso del corazón; otros me reprochaban que entrara en la doctrina tradicional y disminuyera la importancia del bautismo. Ahora la discusión está cerrada porque recientemente la Comisión Teológica Internacional que trabaja para la Congregación [vaticana] para la Doctrina de la Fe ha publicado un documento en el que afirma lo mismo. Me parece útil volver sobre el tema a la luz de este importante documento para explicar algunas de las razones que han llevado a la Iglesia a esta conclusión. Jesús instituyó los sacramentos como medios ordinarios para la salvación. Son, por lo tanto, necesarios, y quien pudiéndolos recibir, contra la propia conciencia los rechaza o los descuida, pone en serio peligro su salvación eterna. Pero Dios no se ha atado a estos medios. Él puede salvar también por vías extraordinarias, cuando la persona, sin culpa suya, es privada del bautismo. Lo ha hecho, por ejemplo, con los Santos Inocentes, muertos también ellos sin bautismo. La Iglesia siempre ha admitido la posibilidad de un bautismo de deseo y de un bautismo de sangre, y muchos de estos niños han conocido de verdad un bautismo de sangre, si bien de naturaleza distinta...No creo que la clarificación de la Iglesia aliente el aborto; si así fuera sería trágico y habría que preocuparse seriamente, no de la salvación de los niños no bautizados, sino de los padres bautizados. Sería burlarse de Dios. Tal declaración dará, al contrario, un poco de alivio a los creyentes que, como todos, se cuestionan consternados por la suerte atroz de muchos niños del mundo de hoy. Volvamos a Juan Bautista y a la fiesta del domingo. Al anunciar a Zacarías el nacimiento de su hijo, el ángel le dijo: «Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento» (Lucas 1, 13-14). Muchos en verdad se han alegrado por su nacimiento, si a la distancia de veinte siglos seguimos aún hablando de ese niño. Desearía hacer de esas palabras la expresión de un deseo a todos los padres y madres que, como Isabel y Zacarías, viven el momento de la espera o del nacimiento de un niño: ¡que también vosotros podáis gozaros y alegraros en el niño o en la niña que Dios os ha confiado y os alegréis de su nacimiento por toda vuestra vida y por la eternidad![Traducción del original italiano realizada por Zenit]

miércoles, 20 de junio de 2007

VELLESA FELIÇ

DEU MANAMENTS
PER A UNA VELLESA FELIÇ

1. Posaràs atenció a la teva presentació, cada dia. Ben vestit, com si anessis a una festa. Quina festa millor que la vida!

2. No et tancaràs a casa teva ni en la teva habitació. Res de jugar a l’enclaustrat o al pres voluntari. Sortiràs al carrer o al camp a passejar. L’aigua estancada es podreix, i la màquina aturada es rovella.

3. Estimaràs l’exercici físic com a tu mateix. Una estona de gimnàstica, una caminada raonable dins de casa o a fora. Contra inèrcia diligència.

4. Evitaràs activitats i gestos de vell esfondrat. El cap cot, l’espatlla encorbada, arrossegant els peus. No! Que la gent t’engegui una floreta quan passes.

5. No parlaràs de la teva vellesa ni et queixaràs de les teves xacres. Amb això, acabaràs creient-te més vell i més malalt del que en realitat ets. Llavors et faran el buit. A ningú no plau d’anar escoltant històries d’hospital. Deixa d’autoanomenar-te vell i de considerar-te malalt.

6. Conrearàs l’optimisme sobre totes les coses. Al mal temps bona cara. Sigues positiu en els judicis, tingues bon humor en les paraules, vés amb la cara alegre, de tarannà amable. Hom té l’edat que exerceix. La vellesa no és qüestió d’anys sinó un estat d’ànim.

7. Seràs útil a tu mateix i als altres. No ets un paràsit ni una branca esqueixada voluntàriament de l’arbre de la vida. Basta’t fins allà on et sigui possible i ajuda. Ajuda amb un somriure, amb un consell, un servei.

8. Treballaràs amb les teves mans i la teva ment. El treball és la teràpia infal·lible. Qualsevol actitud laboral, intel·lectual, artística... Medecines per a tots els mals és la benedicció del treball.

9. Mantindràs vives i cordials les relacions humanes. Principalment, és clar, les que es teixeixen dins de la llar, integrant-hi tots els membres de la família. Aquí tens l’oportunitat de conviure amb totes les edats: infants, joves i adults, el perfecte mostrari de la vida. Després ampliaràs el cor als més amics, amb la condició que els amics no siguin exclusivament vells com tu. Defuig el basar d’antiguitats.

10. No pensaràs que qualsevol temps passat va ser millor. Deixar d’anar condemnant el teu món i maleint el teu moment. Alegra’t de formar-ne part i de poder veure moltes coses boniques i noves.


Si vols trobar-te bé de salut, no t’oblidis de riure sovint.

VELLESA FELIÇ

DEU MANAMENTS
PER A UNA VELLESA FELIÇ

1. Posaràs atenció a la teva presentació, cada dia. Ben vestit, com si anessis a una festa. Quina festa millor que la vida!

2. No et tancaràs a casa teva ni en la teva habitació. Res de jugar a l’enclaustrat o al pres voluntari. Sortiràs al carrer o al camp a passejar. L’aigua estancada es podreix, i la màquina aturada es rovella.

3. Estimaràs l’exercici físic com a tu mateix. Una estona de gimnàstica, una caminada raonable dins de casa o a fora. Contra inèrcia diligència.

4. Evitaràs activitats i gestos de vell esfondrat. El cap cot, l’espatlla encorbada, arrossegant els peus. No! Que la gent t’engegui una floreta quan passes.

5. No parlaràs de la teva vellesa ni et queixaràs de les teves xacres. Amb això, acabaràs creient-te més vell i més malalt del que en realitat ets. Llavors et faran el buit. A ningú no plau d’anar escoltant històries d’hospital. Deixa d’autoanomenar-te vell i de considerar-te malalt.

6. Conrearàs l’optimisme sobre totes les coses. Al mal temps bona cara. Sigues positiu en els judicis, tingues bon humor en les paraules, vés amb la cara alegre, de tarannà amable. Hom té l’edat que exerceix. La vellesa no és qüestió d’anys sinó un estat d’ànim.

7. Seràs útil a tu mateix i als altres. No ets un paràsit ni una branca esqueixada voluntàriament de l’arbre de la vida. Basta’t fins allà on et sigui possible i ajuda. Ajuda amb un somriure, amb un consell, un servei.

8. Treballaràs amb les teves mans i la teva ment. El treball és la teràpia infal·lible. Qualsevol actitud laboral, intel·lectual, artística... Medecines per a tots els mals és la benedicció del treball.

9. Mantindràs vives i cordials les relacions humanes. Principalment, és clar, les que es teixeixen dins de la llar, integrant-hi tots els membres de la família. Aquí tens l’oportunitat de conviure amb totes les edats: infants, joves i adults, el perfecte mostrari de la vida. Després ampliaràs el cor als més amics, amb la condició que els amics no siguin exclusivament vells com tu. Defuig el basar d’antiguitats.

10. No pensaràs que qualsevol temps passat va ser millor. Deixar d’anar condemnant el teu món i maleint el teu moment. Alegra’t de formar-ne part i de poder veure moltes coses boniques i noves.


Si vols trobar-te bé de salut, no t’oblidis de riure sovint.

lunes, 18 de junio de 2007

COR IESU, FONS VITAE

La fe en el Corazón de Cristo manifiesta la síntesis de los dogmas revelados del Cristianismo de una manera contemplativa y práctica, no solamente para cada uno de los fieles singularmente considerados, sino también para su conjunto eclesial y para los pastores que lo guían. Es la Revelación Evangélica misma la que permite descubrir en el símbolo natural del corazón, y en los términos escriturísticos, aspectos antes insospechados encerrados en su potencia obedencial actualizada por la Gracia que constituye el centro mismo del Evangelio.San Pablo habla con toda naturalidad del “sentir” las cosas de Dios, como después los teólogos medievales y los místicos modernos iban a referirse a la “experiencia de Dios”, la cual, por supuesto, abarca en primer lugar el espíritu sobrenaturalizado, la inteligencia y la voluntad elevadas, pero se extiende a toda la persona, incluyendo los aspectos sensibles como reflejando y continuando la perfección única de la Persona divina de Nuestro Señor Jesucristo. Tal “sentimiento” auténticamente cristiano debe expandirse apostólicamente hacia el mundo para transformarlo no con solos medios naturales, sino con los frutos de justicia o santidad. Desde el seno de la Trinidad el Amor divino desciende a la creación por medio de Jesucristo y retorna al Padre, junto con las cosas renovadas y elevadas. Jesús era movido por el Espíritu Santo que llenó su humanidad con su presencia desde el primer instante, convirtiéndose no solamente su alma, sino también su cuerpo, en símbolo de su presencia. Este símbolo está destinado a incorporar a sí el sentido de toda la creación a través de la Iglesia. En el “corazón” de la Acción del Espíritu Santo en Cristo está el misterio de la redención o liberación, que manifiesta su amor misericordioso.El corazón físico de Cristo mismo puede ser considerado como el primer nivel simbólico. El amor sensible que él simboliza directamente puede ser considerado como el segundo nivel simbólico. La caridad que a su vez éste expresa puede verse como el tercer nivel simbólico. Y el Amor divino es la cosa, la Res, absolutamente simbolizada por los tres símbolos, jerárquicamente ordenados, como constituyendo sacramentos de un Misterio último.La unidad de los símbolos y de su ordenación jerárquica está expresada humanamente en la devoción al Corazón de Cristo, que corresponde a la única Persona.Nuestro Señor Jesucristo asumió, en su naturaleza humana completa, la inteligencia y la voluntad con una relación especial respecto de la afectividad, inconmensurablemente más perfecta que la nuestra, modelo y causa, con la gracia, del orden total de nuestra persona radicada en su Persona divina. De esta manera asumió nuestro corazón.Del Corazón de Cristo surge así la curación del corazón del hombre.En su obra capital Santo Tomás nos presenta la radicación del amor de Cristo en su Persona divina a través de su Voluntad divina y de su voluntad humana. A éstas corresponden sendos amores.La conexión creatural constituida por el Amor de la Voluntad de Dios a las cosas prefigura, como potencia obedencial, el orden sobrenatural que se cumple en la Caridad, constituyendo desde lejos la base metafísica para la consideración del Amor del Corazón del Verbo Encarnado.La Revelación nos manifiesta el Amor en el que la Esencia divina consiste como revelador de una Persona en relación con otras en cuanto captado por nosotros a través de la gracia. El Espíritu Santo lo tiene como “nombre propio”. El Amor se apropia al Espíritu Santo en cuanto recibimos la participación no solamente del amor de Dios en cuanto esencial, sino especialmente en cuanto la recibimos personalmente. Esto significa dos cosas: como don de la Persona del Espíritu Santo, e –inseparablemente– como asimilación a la Persona del Espíritu Santo. Esta asimilación sucede por la gracia, que nos asimila también a la Persona del Hijo como Verbo o Sabiduría de Dios. Porque es inseparable personalmente el Verbo del Espíritu Santo que de Él procede eternamente. He aquí la raíz de la importancia cristológica y eclesiológica de la doctrina y la fe dogmática del Filioque.“El alma por la gracia se conforma a Dios. Por eso, para que alguna Persona divina sea enviada a alguien por la gracia, se requiere que se realice su asimilación a la divina Persona que es enviada por algún don de la gracia. Y porque el Espíritu Santo es Amor, por el don de la caridad el alma es asimilada al Espíritu Santo. Por eso, según el don de la caridad se considera la misión del Espíritu Santo. Y el Hijo es Palabra, no cualquiera, sino una que espira Amor [Filius autem est Verbum, non qualemcumque, sed spirans Amorem]. Por eso dice Agustín en el IX libro De Trinitate: «el Verbo que intentamos insinuar es Noticia con Amor [Verbum quod insinuare intendimus cum Amore Notitia est]». Así pues, no según cualquier perfección del intelecto es enviado el Hijo, sino según tan instrucción del intelecto por la cual éste prorrumpa en el afecto del amor, como se dice en Juan 6,41: «todo el que oye mi Padre, y aprende, viene a mí»; y en el Salmo 38,4: «en mi meditación se encenderá el fuego». Y por eso dice Agustín a propósito (l.c. ad 1) que el Hijo es enviado, «cuando es conocido por alguien, y también percibido [cum a quoquam cognoscitur atque percipitur]». La percepción experimental significa una cierta noticia [perceptio enim experimentalem quandam notitiam significat]. Y esta se dice propiamente sabiduría, como ciencia sabrosa, según aquello del Eclesiástico 6,23: «la Sabiduría de la doctrina es de acuerdo con su nombre»” [1]Es claro que el modelo de la asimilación a la Persona del Espíritu Santo existe eminentemente en la humanidad de la Persona divina distinta de Nuestro Señor Jesucristo. El Corazón del Verbo, en el sentido medieval y escriturístico del término, es, en primer lugar, la Persona del Padre.En el Espíritu divino, se implica la relación, respecto, o habitudo hacia Dios mismo en su Esencia amada por las Personas, y hacia el Padre y el Verbo que con ella se identifican, quienes se aman recíprocamente en El. En el sentido en el que modernamente, en principio, se entiende inmediatamente la palabra “corazón”, pues, significando especialmente el amor, el Corazón del Verbo es el Espíritu Santo por el cual ama al Padre.Ahora bien, la fe en el Corazón del Verbo Encarnado es la fe en la Encarnación.Un profundo artículo de la Tercera Parte de la Summa nos permite vislumbrar la derivación de la doctrina cristológica desde la trinitaria [2]. La gracia habitual en Cristo sigue a la gracia de unión. Esta consiste en la misma Unión Hipostática, absolutamente superior a la naturaleza y operación de cualquier creatura.Cuanto es y sucede en la creación en el orden natural y en el sobrenatural es manifestación y revelación de Dios-Trinidad. El orden de las misiones o envío de las Personas a la creación manifiesta en orden inescrutable de las procesiones trinitarias.El Corazón de Cristo es manifestación y Revelación del Corazón de Dios. “El verbo que está oculto en el corazón se manifiesta por el verbo sensible. Así el Verbo de Dios estaba latente en el Corazón de Dios, pero se manifestó en la carne. Jn. I, 14: «Y el Verbo se hizo carne», etc [Verbum quod latet in corde manifestatur verbo sensibili, ita Verbum Dei in Corde Dei latebat, sed in carne est manifestatum. Io. I, 14: Verbum caro factum est, etc. ] [3]El Corazón de Dios es la Profundidad Abisal del Padre que se expresa en el Verbo y en el Espíritu Santo. El Corazón del Verbo Encarnado, en cuanto Encarnado, es en primer lugar el Espíritu Santo que expresa y realiza operativamente su unión personal con el Padre en su humanidad.Derivadamente, la plenitud de Caridad de la humanidad de Cristo es consecuencia de la Unión hipostática, realización de la Filiación como Relación con el Padre.Así, la Iglesia, Cuerpo de Cristo Cabeza, surge de la misión del Hijo juntamente con la misión del Espíritu Santo, y de su orden, reflejo del misterio trinitario.El Corazón del Verbo Encarnado en cuanto tal es así también, el Espíritu Santo como fruto de la Sabiduría del Padre. La presencia del Espíritu Santo en el Verbo Encarnado se expresa y realiza en la humanidad como continuación y Revelación de la Circumincessio o Perichóresis trinitaria. Por eso, en la humanidad de Cristo la plenitud de (gracia y de) Caridad manifiesta la Unión hipostática. Ésta, en cuanto Unión, preanuncia y origina la Unión de la Caridad. Como y porque en la Trinidad el Verbo origina al Espíritu Santo.Es por eso que el Corazón del Verbo Encarnado es el Espíritu Santo con el recuerdo o Memoria del Padre. Es el Espíritu quien impulsa a Cristo a cumplir la Voluntad del Padre y a volver al Padre. En efecto, la pasión y la resurrección de Jesucristo son el motivo de su encarnación, misterios en los que se expresa la unión de su visión y gozo beatífico con su amor perfecto en su “Persona compuesta”. “La utilidad de la pasión de Cristo le fue inspirada a su Corazón por el Espíritu Santo [utilitas passionis Christi Cordi ejus inspirata fuit a Spiritu Sancto] [4]La caridad “creada” –si la expresión fuera del todo exacta– del Verbo Encarnado es inseparable de la presencia del Espíritu Santo que se extiende desde lo supremo de su alma hacia todas las dimensiones de su humanidad.La devoción o el culto del Corazón de Cristo es especialmente devoción o culto del sacramentum caritatis, signo y causa de la caridad que se difunde desde la Caridad de Cristo. Desde el Corazón de Cristo, pues, surge la Iglesia difundiéndose su gracia, hasta el punto que, por ser la Gracia Capital de Cristo la misma que se difunde a sus miembros, la Iglesia, en cierta manera, se identifica con el Corazón de Cristo. No puede ser, por tanto, sino santa e inmaculada, y de ninguna manera pecadora. Quien está en pecado no es miembro de Cristo en la medida en que el pecado lo daña.La diferencia entre el cerebro y las vísceras o entrañas señala simbólicamente la diferencia entre el hombre nuevo que renace en Cristo, y el hombre viejo, sometido a la ley o caído en la corrupción del paganismo.Tal diferencia está simbolizada, para Santo Tomás, por el pasaje entre la centralidad del cerebro, atribuida a Platón por San Jerónimo, y la “ley del corazón” que se origina en Cristo.Es el pasaje de un mundo gobernado externa y violentamente por el diablo, a un mundo gobernado suave e interiormente por Cristo-Dios. Sólo Dios puede entrar en la mente, es decir, en el corazón. El diablo puede mover externamente el cerebro.Por eso el racionalismo decae hacia el nihilismo y el individualismo, es decir, hacia lo opuesto de la verdad del ser y del bien respectivamente. La creación divina, en cambio, como fuente del bien y del ser, alcanza su ápice en el Corazón humano de Cristo, en quien la misericordia sigue la perfección de su mente. La perfección de la mente de Cristo es el perfecto reflejo de su vida eterna como Verbo de Dios que refleja la Mente del Padre prorrumpiendo en el Espíritu Santo. La vida de su mente humana es mística en el sentido más estricto y elevado. La transformación que en nosotros produce la unión con Cristo participando de su pasión, causa a su vez nuestra resurrección espiritual, abriéndonos el sentido de las Escrituras, es decir de su Corazón en nuestro corazón. Uno de los máximos representantes y artífices de la modernidad es, sin duda, G.W.F. Hegel, quien condensa negativamente el significado el Evangelio como ley surgida del corazón de Cristo que sana el corazón del hombre.Pareciera que la furia demoníaca “demencial”, como dice Hegel, trata de imitar burdamente el camino de interiorización en la devoción, incluso sensible, al Verbo Encarnado, después de su concreción en la espiritualidad de los santos y las santas modernas. Es como un adelanto cuasi-profético de la lucha en lo profundo de los corazones en la que nos encontramos dramáticamente envueltos en nuestra época. Poniendo como principio capital de la realidad la contradicción en vez de la no-contradicción, no podemos pedir a la explicación de Hegel claridad. Captamos en ella como el negativo de la Realidad del mundo iluminado por la gracia de Dios que culmina en el Corazón de Cristo habitado y movido por el Espíritu Santo, desde donde se renuevan todos los corazones y se guían como por una ley interior o Ley Nueva. Un misterio negativo frente a otro positivo. El oscuro misterio de la iniquidad y el misterio de la Luz que supera la mente humana.En diversos modos se refiere el filósofo idealista al “corazón”, que representa lo individual, y, por lo tanto, lo malo. Cristo es el individuo por excelencia, y por tanto a El corresponde en grado sumo “la ley del corazón”. Esta ley es contraria al Espíritu absoluto, donde mora la racionalidad. No será difícil reconocer en el espíritu absoluto o en el espíritu del mundo un espíritu negativo, que odia y hace odiar convenciendo a los hombres de que es ésta la ley más profunda que gobierna el mundo, y que constituye por tanto su “racionalidad” o el sentido último de su movimiento y de todo lo que pasa, que no va más allá de él.Si según las procesiones trinitarias la misión del Hijo sigue a la misión del Espíritu Santo, en Hegel, desde su principio filosófico capital, es de esperar que encontraremos lo inverso. A la desaparición del Individuo por excelencia, que es Cristo, el mediador, como él mismo lo denomina, sigue el afirmarse de la Universalidad del Espíritu, como superación de las diferencias de los individuos, manteniéndolas negativamente.El corazón corresponde al sentimiento en el mundo. En el mundo hay una ley divino-humana del corazón. Esta ley del corazón es superada por la ley de la razón y se invierte así en su contrario pasando por el intermediario de la locura. Este pasaje está en lo íntimo del espíritu del mundo y de su Espíritu Absoluto.Lo observamos cruelmente descripto en la Fenomenología del Espíritu.Se trata de una imitación diabólica de aquello que San Juan de la Cruz denomina “noche oscura” como un pasaje, a través de la locura o la irracionalidad, de una forma a otra de “racionalidad” basada sobre la contradicción como principio de toda la realidad. Esta se expresa en el corazón que late al ritmo del odio como principio fundamental de la vida mundana comprendida luego de pasar por el momento kantiano (y freudiano) de la ley comprendida como adecuación al deber, incluso más allá de la superación del corazón individual en el corazón universal que busca el bien de la humanidad, es decir, del imperativo categórico.El corazón del hombre se enreda así con un poder extraño y enemigo. Así desaparece y se convierte en su contrario al operar en el mundo. El Corazón de Cristo y del hombre en Él inserto se transforma en su contrario por medio de la “secularización.”El corazón del individuo se convierte en corazón que odia. Ya no se trata de la necesidad muerta del corazón que intentaba hacerse universal, sino de la necesidad del corazón como animada por la individualidad concreta universal. La locura es no querer reconocer la inversión como la esencia del espíritu, ser demente es no reconocer la demencia y mantenerse como algo distinto. Es no “humillarse”. Es ser infatuado. El individuo por excelencia es “humilde de corazón” porque es loco, porque su corazón asimila lo que el mundo es o su discurrir y resulta así humillado.Concluyamos. En vez de asimilar la Iglesia al mundo como tantos hoy pretenden, siguiendo la filosofía idealista de origen iluminista y protestante y el espíritu del mundo, se trata, para nosotros, de colaborar ministerialmente en la obra trinitaria de la salvación de la humanidad realizada a través de la muerte y resurrección de Cristo, y la efusión del Espíritu Santo en su Humanidad como cabeza y origen de la Iglesia, restaurando y recapitulando todas las cosas en Cristo.Ante el pecado contra el Espíritu Santo constitutivo de las líneas más profundas de la cultura contemporánea en cuanto separada de Dios, claro está, es remedio radical la docilidad al Espíritu Santo en todos los actos de la vida individual y guiada por los pastores de la Iglesia.No puede existir tal docilidad en la subordinación fundamental a las líneas directrices de la cultura contemporánea, sea en la filosofía implícita o explícita, sea en la Teología.El cristianismo, la ley nueva o ley del corazón, cuyo centro es la gracia del Espíritu Santo, implica un conocimiento por connaturalidad que surge de la experiencia de la dulzura del amor divino, de la que nada sabe quien no la experimenta. Si la ley cerebral del racionalismo moderno, y del hombre viejo, lleva a la transformación radical de la ley del corazón en ley del odio racionalizado, pongámonos decididamente bajo la protección del Corazón del Verbo Encarnado rindiéndole culto interior y exterior en Espíritu y en Verdad, y junto con Él alabando al Padre que busca estos adoradores. Hagámoslo, sobre todo, desarrollando una verdadera cultura católica que sea reflejo de Cristo por la presencia y la participación de la misma Luz que del Padre pasa al Verbo como “Palabra que espira Amor”.[1] Cf. STh I q.43 a.5 ad 2.[2] Cf. STh III q.7 a.13.[3] Super ad Thim. I, c.3 l.3.[4] In IV Sententiarum, d.19 q.2 a.3

sábado, 9 de junio de 2007

CRISTO ES DIOS

La primera verdad que hemos de proclamar no es la existencia de Dios, sino que Cristo es Dios.

sábado, 2 de junio de 2007

DIOS y su existencia

PREGUNTA. Si oyen hablar de Dios, ¿qué primera imagen les viene?
FERNANDO SAVATER. Que es una institución cultural, y en ese sentido existe igual que por ejemplo el Banco Español de Crédito. Y que, más ontológicamente, no me lo imagino; la idea de un ser que a la vez tiene los atributos humanos y además es infinito, eterno, al margen de los avatares... Nietzsche decía que había conceptos que tenían definición y otros historia. Dios me parece que es un concepto que puede tener historia pero no definición.
JOSÉ MARÍA CASTILLO. A mí me provoca a botepronto respeto, porque soy creyente, y peligro. Peligro porque en su nombre se cometen las barbaridades más grandes. Esa misteriosa relación entre religión y violencia. Una relación que en el cristianismo se agrava, porque profesa su fe en un Dios que necesita el sacrificio, y por lo tanto la muerte y la sangre de su hijo, para que la gente se pueda acercar a él. Nietzsche hablaba del Dios vampiro. En lo metafísico, el concepto de Dios no tiene salida, porque se trata de armonizar la suma bondad con el sumo poder, o la infinita bondad con el infinito poder, con este mundo que tenemos, y eso es estrictamente contradictorio. No es evidente la existencia de Dios, ni puede serlo nunca, pero sí la utilidad: lo vemos ahora en España. La Iglesia y la derecha utilizan a Dios, pero desde mi punto de vista es una actitud intolerable. En España se está usando el nombre de Dios constantemente para lo que se traduce en pelotazos urbanísticos, para todo lo que se quiera.
P. ¿Sigue sirviendo Dios como consuelo ante la muerte?
F. S. Las funciones de vertebración social que cumplen las constituciones u otras leyes laicas, las cumplían antaño las religiones. Pero a partir del XVII la religión ha ido pasando a un plano más íntimo, más privado, con el cual también tuvo que ver desde el principio, y eso, más que el miedo a la muerte, es el rechazo a la idea de perdición, que es el gran enigma y la gran espina de la condición humana: sabernos mortales es lo que nos lleva a pensar. La idea de la muerte es inasimilable, ya decía La Rochefoucauld que: "Ni al sol ni a la muerte se les puede mirar de frente". Pues uno de los cristales ahumados para mirar a la muerte es la idea de Dios y de salvación, de alguien que se ocupará de nosotros, aunque sea castigándonos; que no estaremos perdidos del todo. Eso sigue funcionando de un modo o de otro, porque negociar nuestra relación con la muerte nunca ha sido fácil.
J. M. C. Ante el sufrimiento la religión sigue cumpliendo un papel positivo para mucha gente, para hacerle más soportable la enfermedad, la vejez, la pérdida de un ser querido. Ahora bien, ofrecer una evidencia y una seguridad, no puede, porque no hay evidencia ninguna. Y esta esperanza en la otra vida que a algunas gentes les ayuda, en otras puede ser un verdadero peligro: el terrorista que se inmola pensando en...
F. S. En las huríes.
J. M. C. Claro, en ese caso la esperanza en la otra vida es un auténtico peligro. O eso otro tan terrible, la resignación, el aguante y el silencio ante injusticias que no se deberían de tolerar. Siempre recuerdo la afirmación del gran defensor de los derechos humanos de los negros en Estados Unidos, Martin Luther King: "Cuando se recuerden las grandes atrocidades que han ocurrido en el siglo XX, se verá que lo peor no han sido las fechorías de los malvados, sino el silencio de las buenas personas". Y eso es terrible. Y a eso está llevando de hecho la religión.
F. S. Bueno, la idea de Marx de la religión como el opio del pueblo, como un adormecedor... Hoy la religión puede ser efectivamente el opio para algunos, porque les da resignación y les hace que soporten los males naturales y el poder establecido como si fueran parte de la voluntad divina; pero en otros casos no funciona como el opio, sino como la cocaína, porque para el terrorista más bien la religión para él es un terrible excitante. Aquello que decía don Pío Baroja de que el requeté era un animal que, una vez confesado y comulgado, atacaba al hombre. La religión no funciona como el opio, todo lo contrario.
J. M. C. Los casos actuales de terrorismo están ahí, pero recordemos que por ejemplo San Bernardo, en el siglo XII, escribió un tratado, Exhortatio ad milites Templi, para los cruzados, y empieza: "Donde se demuestra que matar al infiel no es pecado".
F. S. Lo curioso es que es una exclusiva del monoteísmo. El Antiguo Testamento es una recomendación al genocidio cada cuatro páginas. El Corán, se lea como se lea, está lleno de incitaciones al exterminio del infiel y a extender una tierra dominada por los creyentes y tal. E incluso la figura de Cristo, que es el más manso de los profetas: también dijo que venía a traer la espada y la división.
P. Ha habido o hay otras religiones no monoteístas. ¿Qué se ganó y se perdió con la victoria del monoteísmo sobre el paganismo? Y ahí está el budismo, sin Dios.
F. S. De hecho, la propia expresión de religión no existe en todas partes: hay muchos pueblos que tienen culto, pero no saben que ellos tienen una religión. En el paganismo las tradiciones religiosas estaban ligadas a cosas, instituciones, lugares, árboles, fuentes, a la familia... a cosas concretas que tenían como una dimensión simbólica. La religión, por ejemplo, de los romanos, que era de tipo cívico, un refuerzo espiritual de las instituciones. Los emperadores que perseguían el cristianismo lo hacían escandalizados porque los cristianos, en vez de limitarse a tener un Dios como todo el mundo, y a no dar la lata, negaban los dioses de los demás, y sobre todo los aspectos divinos de las instituciones, y eso era lo intolerable. El gran mérito, por decirlo así, del cristianismo fue separar definitivamente el mundo de lo objetivo, de lo cívico, del mundo de lo espiritual y lo religioso. De ahí que uno no entienda muy bien cuando hoy en la UE hay algunos que en la Constitución quieren mencionar las raíces cristianas de Europa... Es que precisamente las raíces cristianas de Europa son la desaparición de la religión del espacio público: ése fue el mérito del cristianismo. Reintroducir la religión como justificación del espacio público sería paganizar el cristianismo.
J. M. C. Lo que pasa es que el cristianismo nació con esa originalidad sorprendente, hasta el punto de que la gran acusación contra los cristianos en el siglo II y III es que eran ateos. Porque no se atenían a lo que se consideraba como creencia en Dios o religión. Si adoraban a un crucificado, era la blasfemia más fuerte.
F. S. Y descartaban a todos los demás dioses. Eran ateos de todos los demás dioses menos de uno, el suyo propio.
J. M. C. Lo más peligroso que tienen los monoteísmos es que creen en dioses excluyentes: mi Dios es el único, y por tanto los demás están fuera de la legalidad, de la verdad, y del camino de salvación. Porque ya es una violencia decirle a alguien que está en un error, o que está en camino de perdición. Eso ya es una forma de humillarle
... Y también quiero añadir, por intentar ser muy honesto desde mis creencias, que la mayor aportación del cristianismo fue presentar un Dios encarnado. El Evangelio de Juan dice que Dios se ha hecho carne, Logos sarx egenito, la Palabra se hizo carne, y eso en aquella cultura era debilidad, el trastorno más fabuloso en la historia de las tradiciones religiosas. El cristianismo nació con esa originalidad, que duró hasta el siglo IV. A partir del invento de que Constantino vio la cruz y se dijo: "Con este signo vencerás", se hizo la peor perversión de la cruz. Y a partir del edicto de Teodosio, en el 381, cuando declaró al cristianismo como la única religión verdadera, todas las demás pasaron a la clandestinidad. Y eso explica que el continente más cristiano, Europa, sea el más violento.
F. S. Amamos lo perecedero precisamente porque va a perecer; no amamos lo eterno, lo invulnerable, nadie ama el universo, todos sabemos que el universo se pasa muy bien sin nuestros cariños. Amamos a aquellas personas que quisiéramos perpetuar y no podemos; es su fragilidad lo que suscita nuestro amor. Y claro, Dios es lo contrario: la idea de amor a Dios, por ejemplo en el planteamiento tan hermoso de Spinoza, en su Ética, él habla del amor a Dios, que sólo puede ser un amor intelectual, no podemos esperar que Dios nos ame. Esa vinculación afectiva que introduce el cristianismo necesitaba que Dios hiciera una concesión a la carne, a la muerte, a la fragilidad, al temor, al abandono... Esa idea del Dios hecho hombre es una aportación de la religión cristiana, pero también un paso hacia la salida de la religión, porque en cuanto divinizamos la figura frágil, doliente, del hombre, estamos acercándonos a empezar a divinizar sencillamente al hombre, sin necesidad de lo sobrenatural. De ahí que algunos expertos como Marcel Roché hablen del cristianismo como de la religión para salir de la religión. Así que, para que la figura de Cristo adquiera toda su capacidad de identificación con nosotros, suprimámosle esa otra dimensión mágica que le aleja aún de nosotros.
J. M. C. Teniendo en cuenta, además, que Jesús fue enormemente conflictivo. Pero resulta que su conflicto fue con los dirigentes de la religión y de algún modo con la religión. No hay contradicción entre el cristianismo, y por lo tanto la Iglesia, y la laicidad, sino que la Iglesia tendría que ser, y el cristianismo tendría que ser la religión que fomentara la laicidad. Porque a fin de cuentas Jesús fue un laico, un laico que entró en conflicto con el poder.
F. S. Cuando se habla de cómo los países europeos han logrado escapar, en la medida que han logrado escapar, que tampoco es del todo cierto, de la tentación teocrática que vemos en países musulmanes, que ésos sí que no han logrado separar las instituciones civiles de las religiones, ahí está la aportación del cristianismo: gracias a él se sentaron las bases; incluso cuando la Iglesia constituyó un poder terrenal, lo hizo separado de otro poder que era el civil, mientras que eso no ocurrió en países musulmanes, y eso lo lamentamos ahora todos.
P. ¿Cómo ven el estado de las relaciones entre ciencia y religión?
F. S. No hay contradicción más que si la religión pretende dar lecciones científicas. Hombre, para cualquier ser racional, la idea de que los acontecimientos naturales tienen una explicación sobrenatural es incomprensible; se pretende explicar una cosa que no entendemos con algo que entenderíamos mucho menos todavía. Einstein decía: "Yo sólo creo en el Dios de Spinoza". Quería decir que si hay un Dios es lo que llamamos el conjunto de las causas naturales. Pero ése no es el Dios de las religiones, de la salvación. Pero creo que en Europa no hay mucho enfrentamiento normalmente entre religión y ciencia, eso queda un poco para Estados Unidos.
J. M. C. El problema entre ciencia y religión se ha introducido falsamente desde el momento en que la religión ha querido meterse donde no tenía que meterse. Por otra parte, la moral de la religión se ve muchas veces amenazada por los avances científicos. En el XIX el papa Gregorio XVI prohibió las vacunas, por aquello de una ley natural: hay una ley natural y según ese principio yo me debería de quitar las gafas y tirarlas porque esto contradice la ley natural, porque lo natural es que yo tenga la vista cansada.
F. S. Y el islamismo prohibió la imprenta. En buena medida el retraso en la aparición del pensamiento crítico en el mundo musulmán se debe a que hasta muy avanzado el XVIII no autorizó la impresión de ningún libro. He tratado de proponer en mi libro que, lejos de ser la religión la que funda la ética, más bien parece que son las éticas las que justifican las religiones. Si hoy elegimos entre una religión y otra, y nos parece que la Madre Teresa de Calcuta es preferible a Osama Bin Laden, es por razones éticas.
J. M. C. Hablando de religión y violencia, hay una violencia que a mí me parece de lo más peligroso, la violencia del silencio. El silencio es de los factores más terribles que ha habido en el siglo XX. Si quienes debieron hablar hubieran dicho lo que sabían por ejemplo de los campos de concentración nazi, o en España de las atrocidades cometidas no sólo en la guerra, sino en años inmediatamente posteriores...
F. S. Y en el País Vasco, también se ha guardado silencio por parte de la Iglesia.
J. M. C. Sería muy importante una campaña para que la gente que, sabiendo lo que pasa, se lo calla, comprendiese que comete violencia.

CORAZON DE MARIA

¡Queridos hermanos y hermanas! Con alegría me uno a vosotros al término de esta vigilia mariana, siempre sugestiva, con la que se concluye en el Vaticano el mes de mayo en la fiesta litúrgica de la Visitación de la Santísima Virgen María. Saludo con afecto fraterno a los cardenales y obispos presentes, y doy las gracias al arcipreste de la Basílica, monseñor Angelo Comastri, quien ha presidido la celebración. Saludo a los sacerdotes, las religiosas y religiosos, en particular a la monjas del Monasterio Mater Ecclesieae del Vaticano; igualmente, a las muchas familias que participan en este rito. Meditando los Misterios Gozosos del Santo Rosario, habéis subido a esta colina donde habéis revivido espiritualmente, en el relato del evangelista Lucas, la experiencia de María, que desde Nazaret de Galilea «se puso en camino hacia la montaña» ( Lc 1,39) para llegar a una aldea de Judá donde vivía Isabel con su marido Zacarías. ¿Qué impulsó a María, una muchacha joven, a afrontar aquel viaje? ¿Qué, sobre todo, le empujó a olvidarse de sí misma para pasar los primeros tres meses de su embarazo al servicio de su prima, necesitada de ayuda? La respuesta está escrita en un Salmo: «Corro por el camino de tus mandamientos, [Señor], pues tú mi corazón dilatas» ( Sal 118,32). El Espíritu Santo, que hizo presente al Hijo de Dios en la carne de María, dilató su corazón a las dimensiones del de Dios y le impulsó por la vía de la caridad. La Visitación de María se comprende a la luz del acontecimiento que le precede inmediatamente en el relato del Evangelio de Lucas: el anuncio del Ángel y la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo fue sobre la Virgen, el poder del Altísimo le cubrió con su sombra (v. Lc 1,35). Aquel mismo Espíritu le impulsó a «levantarse» y a partir sin tardanza (v. Lc 1,39), para ser de ayuda a su anciana pariente. Jesús apenas ha comenzado a formarse en el seno de María, pero su Espíritu ya ha llenado su corazón, de forma que la Madre comienza ya a seguir al Hijo divino: en el camino que de Galilea conduce a Judá es el mismo Jesús el que «impulsa» a María, infundiéndole el ímpetu generoso de salir al encuentro del prójimo que tiene necesidad, el valor de no poner por delante las propias y legítimas exigencias, dificultades, peligros para su propia vida. Es Jesús quien le ayuda a superar todo dejándose guiar por la fe que actúa por la caridad (v. Ga 5,6). Meditando este misterio, vemos bien qué significa que la caridad cristiana sea una virtud «teologal». Vemos que el corazón de María es visitado por la gracia del Padre, es penetrado por la fuerza del Espíritu e impulsado interiormente por el Hijo; esto es, vemos un corazón humano perfectamente introducido en el dinamismo de la Santísima Trinidad. Este movimiento es la caridad, que en María es perfecta y se convierte en modelo de la caridad de la Iglesia, como manifestación del amor trinitario (Encíclica Deus caritas est, 19). Todo gesto de amor genuino, también el más pequeño, contiene en sí un destello del misterio infinito de Dios: la mirada de atención al hermano, hacerse cercano a él, compartir su necesidad, atender sus heridas, la responsabilidad por su futuro, todo, hasta en los más mínimos detalles, se hace «teologal» cuando está animado por el Espíritu de Cristo. Que María nos obtenga el don de saber amar como Ella supo amar. A María confiamos esta singular porción de la Iglesia que vive y trabaja en el Vaticano; le confiamos la Curia Romana y las instituciones a ella ligadas, para que el Espíritu de Cristo anime todo deber y todo servicio. Pero desde esta colina ampliamos la mirada a Roma y al mundo entero, y oramos por todos los cristianos, para que puedan decir con San Pablo: «el amor de Cristo nos apremia», y con la ayuda de María sepan difundir en el mundo el dinamismo de la caridad. Os agradezco nuevamente vuestra devota y calurosa participación. Llevad mi saludo a los enfermos, a los ancianos y a cada uno de vuestros seres queridos. A todos imparto de corazón mi Bendición Apostólica.